NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO
Cuando
aún el aire no se ha limpiado del todo del olor de la pólvora de los cohetes;
cuando aún te parece seguir escuchando repiques y más repiques que han dejado
su eco en este aire que respiramos.
Cuando
te parece seguir escuchando el sonido de la gaita y del tambor, del crujir de
ruedas de madera en los adoquines de las calles del pueblo y sientes aún
presente el bullicio y la alegría de peregrinos cantándole a la carreta de su
simpecao.
Cuando
aún se te pone los vellos de punta cuando recuerdas las sevillanas que cantó
Huevar en Los Porches, o recordando las sevillanas que se cantaron en la salida
de nuestra hermandad el viernes por la mañana.
Cuando
aún tienes presente la maestría de los muchos carreteros que han subido su
carreta los días mágicos de paso de las carretas, y recuerdas a la perfección
cómo se cantó la salve o aquellas sevillanas que se cantaron para inmortalizar
tan breve pero intenso momento.
Cuando
aún mantienes en la retina y conservas grabado el momento de los vivas, de las
palmas, de los abrazos emocionados de todo aquél que pasó por Villamanrique y
sintió y vivió de manera inexplicable el momento de la presentación de su
carreta ante el simpecao de la Primera y Más Antigua.
Cuando
aún sientes como si lo estuvieses viviendo la llegada de la carreta Coria el
miércoles casi de madrugada, con la plaza a reventar de gente, el pueblo
expectante, el ver esa majestuosa carreta avanzar entre el gentío hasta Los
Porches y que por un instante parecía como si las mismas andas de la virgen del
Rocío se hiciera presente ante las puertas de Santa María Magdalena de
Villamanrique.
Cuando
aún no te ha dado tiempo de limpiar los botos que llevaste en el camino, con
los que atravesaste La Raya, con los que llegaste a Palacio, a Matasgorda y
luego el sábado pisaste las calles también de arena del Rocío en la
presentación de Villamanrique, a las doce en punto que marcara el reloj que
marca los tiempos del Rocío.
Cuando
aún se te pone la piel de gallina al recordar el Rosario del domingo por la
noche, de cuando nuestro simpecao volvía a la casa de hermandad y vuelves a
escuchar en tu memoria cómo el repique de nuestra casa se confundía con el de
la ermita anunciando que la virgen ya estaba en la calle.
Cuando
aún el corazón se te acelera porque recuerdas cómo la virgen venía ya por
Huevas, y sientes que está más cerca que nunca el momento que Villamanrique y
los manriqueños llevan un año esperando.
Cuando
recuerdas que la ves ya venir muy cerquita, y temes lo que tememos los manriqueños
que ocurra, que pase de largo y que no se detenga ante el simpecao del pueblo
donde nació el primer manriqueño que tuvo la dicha de ser el primero en verle
la cara.
Cuando
al recordar el momento la ves casi pasar
y pararse, que si viene, que si no, y por fin y como no podía ser de otra
manera acercarse hasta la puerta de la que siempre, le pese a quien le pese,
siempre será su casa, y el campanil de la espadaña tocando como loco de
alegría, pregonando a los cuatro vientos que la virgen ya está en Villamanrique.
Cuando
recuerdas la lluvia de pétalos desde lo alto del porche de nuestra casa y cómo
después se marcha entre un mar de gente, no sin antes haberle pedido que salud
y suerte para que, el año próximo, poder estar en el mismo sitio para esperarla.
Cuando
recuerdas el camino de vuelta, los momentos, las anécdotas, los amigos, la
llegada al polideportivo y la entrada de la carreta en el pueblo por el barrio;
las paradas en las casas, abiertas de par en par para recibir su gracia y
entregarle un ramo de flores en su despedida.
Cuando
recuerdas llegar a de nuevo la carreta a
la plaza, a Los Porches, la última subida, la última salve, la última sevillana
antes de emprender, esta vez ya sí, camino a la que será su casa hasta el año
que viene.
El
último aplauso, el último cohete, la última lágrima, el último suspiro; el
deber cumplido, la tradición mantenida, como la aprendimos de quienes antes que
nosotros la aprendieron y así sucesivamente a lo largo de los siglos.
Por
tantas y tantas cosas, darle gracias por ser manriqueño y por tener la
satisfacción de que no ha sido un sueño, sino que has tenido la suerte, ya no
sólo de verlo y de sentirlo, sino de haberlo vivido.
(Artículo de Opinión publicado el pasado viernes día 29 de mayo de 2015 en la web de Diario de Villamanrique)
http://www.diariodevillamanrique.es/p/espacio-de-opinion-diego-rodriguez-muy.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario