jueves, 4 de febrero de 2016

EL SABLAZO





                                  HISTORIAS DE UN DÍA NORMAL

CAPÍTULO 2: "EL SABLAZO"




Tenía el convencimiento de que el autobús no tardaría más de hora y algo en llegar a su destino pero se equivocó.
Aunque no era la primera vez que lo tomaba sí era la primera vez que tenía verdadera prisa por llegar ya que pretendía hacer lo que le había hecho volver a la ciudad  y poder volver a coger el bus a eso de las dos de la tarde, tiempo más que suficiente como para cuando el informativo del medio día diera paso a los deportes y poder disfrutar de ello en su  acogedor sofá de orejeras que en el hogar le esperaba.
Hasta el tiempo había mejorado bastante desde que puso  rumbo a ello, e  incluso había tenido tiempo casi de aprenderse de memoria  prácticamente la mitad de los pueblos de la comarca y que desde la ventanilla del autobús había ido recorriendo.
Al principio pensó  que el conductor se había perdido, que no sabía bien por donde iba.
Hasta le preguntó a la señora del asiento trasero si aquel itinerario era el normal para aquel trayecto que, en condiciones normales, no sería mayor a los tres cuartos de hora para realizarlo.
- ¡Ay que de vueltas mire usted!- me dijo la señora con gran desconsuelo y tristeza.- Tengo cita con el tramatologo a las once y media y los niños vienen sin desayunar. A este paso, como siga tardando tanto, se le pasa a mi Luín la biodramina que es lo único que tiene en el estómago porque no he querido saturarlo porque sé muy bien lo que pasa. Y a este paso, veremos a ver como quedamos. ¡No he visto más rotondas en to mi vida!- dijo consternada la señora mientras sacaba del bolso una bolsa de plástico que se la dio a su vástago que, con los ojos casi en blanco ya, no podía el chiquillo ni casi sostenerla  en sus débiles y temblorosas manos.
Miró el reloj de su muñeca y vio que el tiempo se le echaba encima: - ¡las once y cuarto, Dios!-casi gritó, mientras por la ventanilla pudo ver con detalle la distancia que aún faltaba para alcanzar por fin el destino: 16 kilómetros.
Intentó respirar profundamente para contener la rabia e indignación, se recostó en el asiento tratando de mantener la calma, no sin antes fijarme en el cada vez más pálido rostro del pequeño Luis, que parecía más la cara de la niña del exorcista que la de un crío de no más de once años.
En su  desesperación hasta tuvo la tentación de acercarme al conductor a exponerle su enfado y su queja pero, después de pensarlo un poco y de tratar de controlarse, creía conveniente no hacerlo hasta una vez llegado a su destino: al fin y al cabo, era un simple trabajador que cumplía con su deber y con su cometido.
Casi cuarenta y cinco minutos después y tras haber parado en dos pueblos más, por fin enfiló el autobús la recta final hacia el  destino y casi cuando el reloj se acercaba irremediablemente a las doce de la mañana, por fin hizo su última parada y el simple hecho de poder ponerse de pie le supo a gloria bendita.
Del tiempo que llevaba allí sentado, sin apenas movimiento, le costó la propia vida el poder recomponer la figura y un buen rato más el poder recobrar la movilidad de la cintura
y poder despertar del todo a sus entumecidas piernas.
Como era de esperar, la mayoría de la gente trató de ser la primera en bajar de aquel calvario, ser  primero en respirar por fin el aire puro de la calle. En el estrecho pasillo que conducía a la libertad le tocó sin remedio ir detrás de la señora con los niños.
- ¡¡Espabílate Luín que ya hemos llegao hijo!!- le decía la señora al pobre chaval que apenas sí podía echar el paso y al que la cara aún no le había llegado la sangre y que a su lado, Iniesta, era Michael Jackson.
Por fin salieron de aquel encierro obligado y agradeció como si le hubiesen dado la vida, el aire que al fin le golpeaba en la cara.
Presuroso, no perdió un instante en dirigirse a su cometido, y viendo que el tiempo jugaba en su contra, sacó la carterita para ver de cuánto efectivo disponía ya que, los planes de dirigirse andando al lugar que pretendía había sufrido un grave contratiempo.
Sopesó la gravedad de la situación y la mayor gravedad de sus financias: apenas si tenía veinte euros y su intención desde primera hora era el gastar lo sucinto y necesario.
Aun así decidió que lo más conveniente y dada la hora que era tomar, irremediablemente un taxi para que este le llevara al lugar donde, estaba seguro, se alegrarían de verle.
Afortunadamente eran varios los vehículos que esperaban a las mismas puertas de la estación, por lo que no tuvo más que montarse en el primero que encontró e indicarle al conductor el sitio de referencia:
- Buenas tardes. Quería ir al asilo Nuestra Señora del Trigo Limpio, calle Sanseacabó por favor.
El chófer, palillo de dientes incluido en la esquina derecha del labio inferior le devolvió las buenas tardes y, después de poner el contador a cero del taxímetro puso rumbo al destino.
Era un taxista mayor, que andaría ya rondando la jubilación probablemente, cosa que notó en la foto que tenía en el parasol del coche donde aparecía el buen hombre rodeado de lo que parecía ser una familia numerosa con numerosos niños y mayores en lo que parecía estar celebrando algún cumpleaños, y el que hacía intención de apagar las velas, momento que recogía la inmortal instantánea era él mismo, apagando dos velas con un 63 en rojo.
A ritmo de Camela en la radio del coche que casi le revienta los sesos y eso que no estaba a gran volumen,  veinte minutos después llegaron a las puertas del asilo.
Bajó el mismo, pagó lo estipulado y muy amablemente se despidió con unas buenas tardes para el  taxista que también se vio correspondida.
Entró directamente al lujoso patio interior del recinto, una joya arquitectónica que había sido anteriormente patio de vecinos de solera y tradición y que en su día fue declarado en ruina y comprado por un grupo inversor madrileño que lo había reconvertido en una residencia de personas mayores de alto poder adquisitivo y que funcionaba cual si de un hotel de lujo se tratara.
Se dirigió al mostrador de recepción para anunciar su llegada pero mayor fue su sorpresa ante la respuesta de la chica que atendía aquella maravillosa recepción:
- Siento comunicarle que su tía no se encuentra.
-¡¿Cómo que no se encuentra señorita, cómo que no se encuentra?!
- Pues eso que ha escuchado caballero. Su tía abandonó esta residencia hace dos días rumbo a la República Dominicana en un crucero con escala en Cuba y su regreso no se espera hasta mediados de mes. Es todo cuanto puedo comunicarle.
Se le formó un nudo de impotencia y desesperación en la garganta que casi le hacía imposible respirar; un sudor frío empezó a descenderle por la frente y hasta las rodillas le fallaban y empezaron a temblarle de tal manera que casi que tiene que pedir a la amable recepcionista que le ayudase a sentarse en el butacón que había a escasa distancia del mostrador, cosa que no fue necesaria porque logró a duras penas alcanzarlo por sí mismo.
- De todas formas caballero, creo que el señor director tiene un sobre que la señora dejó para que se le entregara en el momento de su llegada. Puede pasar si lo desea a su despacho ya que ahora mismo no tiene ninguna visita y creo que le atenderá muy gustosamente.
De un brinco se levantó y se dirigió veloz y como un rayo en busca de la puerta del despacho del susodicho.
No era la primera vez que visitaba la residencia y tampoco era la primera vez que tenía el gusto de entrar a charlar en privado en el despacho del director: al fin y al cabo fue él quien aconsejó y convenció de su tía de que aquél lugar era el idóneo para una mujer viuda, sin hijos y sin familia a punto de cumplir casi los ochenta y que no tenía a nadie que se ocupara de ella en su día a día.
- ¡¡Hombre, el señor Carmelo Cotón, que alegría el verlo de nuevo por aquí!!- dijo el director dando casi un brinco del asiento al tenerlo ya a casi una cuarta de su cara, cosa que la mesa de su despacho impedía- siéntese amigo, siéntese, está usted en casa.
- ¡¡En casa, en casa!!¿Pero qué broma es esta don Leandro?, ¿se puede saber dónde está mi tía?
- Creí que usted lo sabía don Carmelo, pero le recuerdo que su tía es mayor de edad, es una persona libre por lo tanto y esta residencia es de estancia libre y por lo tanto todos sus inquilinos, según nuestras normas y estatutos, hacen y deshacen con su vida, con su tiempo y con su estancia lo que les viene en gana, y por lo tanto su tía no es excepción en esta institución para que haga lo contrario.
- ¡¡Eso se avisa caballero!!, porque le recuerdo que hasta día de hoy soy su albacea, su administrador y por lo tanto tengo derecho a saber de sus decisiones y mucho más de su paradero porque ella está mayor y yo no estoy para sustos de esta índole por culpa de actitudes caprichosas de viejas chochas que hacen lo que les va pareciendo y sin decir nada. Hasta ahí podíamos llegar!!.
- Lamento enormemente su enojo señor Cotón, pero debo corregirle en algunos puntos porque, si mal no recuerdo y así está recogido en el contrato que firmó la señora con esta casa, ella es la titular del contrato y no me consta ninguna cláusula en la que diga que es usted quien debe dar el visto bueno a cualquier decisión que libremente, la susodicha, tome en relación a lo que hace y deshace ni con su tiempo ni con su vida.
De todas manera, antes de marcharse dejó esta carta que aquí le hago entrega para que, como bien previó la señora, usted se presentara en esta casa antes del cinco del mes vigente. Firme este recibí para que conste que se le entrega. Lamento enormemente este episodio que para nada es responsabilidad de esta casa y tenga a bien, si no quiere ninguna cosa más, abandonar este lugar porque me están esperando en la sala de juntas que tengo una reunión la mar de importante con unos clientes belgas que quieren hacer uso de la planta superior del edificio y, como comprenderá, el deber me llama.
Con mala cara cogió el bolígrafo y firmó el documento y con muy malos modos cogió el sobre que contenía lo que su tía venía a decirle.
Se despidió de don Leandro y salió que se las pelaba deseando abrir el documento y leer qué coño había dejado escrito aquella maldita mujer.
Entró en la bodeguita de la esquina, se sentó en un rincón apartado en una de las mesas que el local disponía y sin demorarse mucho, aún con el susto en el cuerpo y con las manos más temblorosas aún todavía, abrió rápido y veloz el sobre para, de una puñetera vez, saber a qué se enfrentaba:

            Queridísimo y estimado sobrino Carmelo:
            Como esperaba y así se ha cumplido, cuando esta carta llegue a tus manos
            yo ya estaré lejos, concretamente en un viaje de placer con unas señora la
            mar de estupendas que hace unos meses en esta residencia he conocido.
            Siempre tuve las ganas de conocer mundo, pero como bien sabes, tu tío no
            tuvo el detalle y como ahora y, todo sea dicho, gracias a ti, mi presente es
            otro, he decido permitirme el capricho y nos vamos quince días a un todo
            incluido en un crucero por la República Dominicana y por Cuba.
            Te agradezco enormemente el que gracias a ti y a tu generosidad por haber 
            puesto a mi nombre todo el dinero que, aunque quisieras ocultármelo, tenías,
            y espero comprendas mi decisión y que la aceptes porque, querido Carmelo,
            no te queda más remedio que tragar porque aquí, la que pincha y corta a partir 
          de ahora soy yo.
         Te recuerdo que soy la titular absoluta de la cuenta porque tú debes hasta de
         callarte, y por eso, para que no te trinquen todos aquellos a los que debes di-
         nero, es por lo que decidiste ponerlo todo a nombre mío.
         Así que chitón y punto en boca, que aunque vieja no soy tonta.  Se que estas
         palabras te sentarán como un tiro, no pienses que voy a dejarte en
         la cuneta, pero de aquí en adelante las cosas se harán como lo digo yo que
         para eso soy la titular de la cuenta y punto.
         Para que no pases el mes muy apurado, te dejo este cheque al portador junto
         a esta carta para que pases el mes como puedas. Creo que con cuatrocientos
         euros vas que chuta, y como te pongas muy tonto, el mes que viene, cuando
         vengas, te doy una mierda pinchá en un palo.
         ¡¡Y no trates de hacer ningún chanchullo para que me incapaciten o cualquier
         artimaña de las tuyas que, aunque vieja, no me chupo el dedo y lo tengo todo  
         todo previsto… pero no te lo cuento para que no sepas más que yo.
         Y como te pongas tonto doy una exclusiva en el ABC o donde sea y revelo
         cuál es tu paradero y no creas que serán pocos los que te buscarán donde sea
         para que le pagues lo que debes.
         Y recuerda, querido mío, que nunca sabré agradecerte todo cuánto debo a
          tu generosidad y a tu desinterés para que esta pobre ancianita pase lo mejor
          posible los últimos años de su vida.
          ¡¡Ah, que se me olvidaba, que me voy a poner tetas!!!... es una ilusión que
          tengo pendiente aún en vida de tu tío y que por una cosa y por otra lo fui
          dejando, lo fui dejando…. Así que ahora tengo ya cita programada en Repú
          blica Dominicana y estoy deseando llegue el momento.
          Me despido que no quiero darte más disgustos en el día de hoy.
          Sé bueno y nos vemos el mes que viene.
          Muchos besos de tu tía que te quiere y que te aprecia.

El corazón le iba a salir por la boca, la cara colorada como un belga en Matalascañas en agosto; la respiración entrecortada, los ojos hasta le picaban por dentro….
Buscó en el bolsillo el ventolín y se metió entre pecho y espalda dos chutes seguidos con la intención de que el aire que le faltaba le entrara de nuevo en sus pulmones.
No podía dar crédito a lo que acaba de leer en aquella carta  que ahora, hecha una bola, apretaba con todas sus fuerzas con su puño.
- ¿Pero cómo me ha podido hacer esta mujer esto?-repetía casi sollozando y sin poder comprender cómo se había producido aquella situación tan irreal y esperpéntica.
En su dolor y disgusto no vio venir al camarero que se acercó hasta la recóndita esquina, libreta y bolígrafo en mano:
- Caballero, aquí, para hacer uso de las mesas hay que pedir algo.
- Ea, pues…. – dijo pensativo- pues deme usted un cigarrito que me dejé el tabaco en el pueblo.

Casi en volandas lo sacó el camarero del establecimiento mientras él no paraba de murmurar y murmurar improperios y maldiciones ante el asombro de toda la gente que, a esas horas, abarrotaba la barra de la bodeguita El Sablazo. 


domingo, 31 de enero de 2016

"ARBELLANAS"



 


                              "HISTORIAS DE UN DÍA NORMAL"


        CAPÍTULO 1: “ARBELLANAS”

El día se había presentado frío, gris, lluvioso a ratos y con un chiriviri incesante, molesto, de los que parece que no te va a mojar pero que, cuando vienes a darte cuenta, estás calado hasta los huesos y con el frío tan metido dentro que tardarás varios días en recuperar tu temperatura normal.
A pesar de haberse asomado a la ventana antes de salir y haber visto como estaba la mañana no pensó bien en la conveniencia de coger el paraguas negro que heredó de su padre y que siempre, en los días de lluvia como aquel, hacía que más lo recordara; tampoco consideró oportuno el abrigarse más de la cuenta y se aventuró en salir a la calle con la chaqueta gris de entretiempo que tantos años llevaba consigo.
Confiaba en que aquel leve inconveniente se resolviera en un par de horas. Total, Canal Sur, en el informativo de la noche no había adelantado mal tiempo en la mañana, tan sólo una pequeña inestabilidad atmosférica que pasaría casi inadvertida.
Mientras andaba por la acera con la cabeza baja para evitar que el agua anegara por completo el cristal de sus gafas, puso su énfasis en lograr contar la mierda de perro que iba sorteando entre charquito y charquito que se había ido formando entre el casi ruinoso estado en que se encontraba el acerado, cosa que no le fue del todo fácil ya que, una vez superada la veintena, perdió ya el interés y la cuenta.
Como el frío empezaba a calarle  los huesos y la mierda de día parecía no tener marcha atrás, decidió entrar en el bar de la esquina que estaba un poco más adelante y echarle algo caliente al estómago ya que, desde la noche anterior tan sólo tenía entre pecho y espalda muy poca cosa, una triste tortillita francesa que se había logrado hacer, y muy a duras penas, con los dos tristes huevos que habitaban en su ya de por sí aún más triste frigorífico.
El calor que encontró nada más traspasar la puerta le sentó como agua bendita, aunque no era agua ni por más bendita que esta fuera lo que en esos momentos su cuerpo agradecería.
Se acercó a la barra que apenas si se distanciaba un par de pasos de la puerta. Esta estaba abarrotada de parroquianos, con un sonido atronador que al principio le hizo parecer hasta desagradable pero que, pasados unos instantes casi se le hizo hasta agradable cuando, una vez adaptado su sistema auditivo al tono de la clientela del local, hasta puedo echarle un ojo al televisor que estaba justo arriba de la cabeza del camarero que iba y venía con una rapidez inverosímil de una esquina a otra de la barra atendiendo a todo aquel que se lo requería, cosa que no era ninguna quimera viendo el exceso de volumen del susodicho, lo que provocaba que una incesante gota de sudor se resbalara desde las pronunciadas patillas que adornaban ambos lados de su excepcional cara, yendo a parar sin remedio al cuello gastado y que antes había sido blanco de su camisa.
- ¿Qué le pongo al caballero?- le preguntó de un salto el camarero que hace un momento estaba en la otra esquina y que ahora tenía frente a frente, cosa que hasta le cogió de imprevisto y que hasta lo asustó.
- Café con leche por favor.
Mientras lo saboreaba y mientras intentaba concentrarse en los informativos que desde la televisión emitían, con disimulo y con cierta pericia metía el rabillo del ojo a sus compañeros de barra: debían de andar más o menos rozando los cuarenta y pocos años y, mientras se comunicaban en un tono ensordecedor, hablando al parecer y por lo que a su razón pudo más o menos descifrar, de unas jornadas de caza que había tenido lugar probablemente en días pasados, todo ello con unos cacahuetes que no dudaban en devorar mientras bebían un par de botellines fresquitos fresquitos, y eso que aún no había marcado el reloj, que también habitaba en la pared de la barra, las diez de la mañana.
Se metió la mano en la chaquetilla y sacó el único euro suelto que tenía y que también era el único que le quedaba, pagó el café y tras dar las gracias al camarero y notar ciertas risas sospechosas en los compañeros de barra que habían solicitado la atención de Juan, el camarero, para que les pusiera unas cuantas de arbellanas, se decidió a echarle huevos a la cosa y poner rumbo a su destino pese a lo desagradable de la mañana.
Con la cabeza baja y con el paso aún más rápido y decidido, llegó por fin a lo que parecía ser el centro neurálgico del lugar: la plaza del pueblo, donde se ubicaba prácticamente todo lo que aquel nuevo lugar ofrecía en forma de servicios básicos: ayuntamiento, farmacia, un banco y una pequeña tienda de comestibles.
Allí bajó por primera vez hacía ya un par de meses del autobús que desde la capital lo había traído al que poco después se convertiría en su nuevo lugar de residencia.  Y a él se encaminaba nuevamente a tomar el autobús que de nuevo lo acercara al mundo al que estaba acostumbrado.
Se intentó refugiar como pudo en la concurrida parada a la espera del autobús cosa que, afortunadamente para sus huesos, no tardó en aparecer.
Entró y buscó en el bolsillo de la chaqueta alguna moneda suelta sin acordarse de que ya no le quedaba ninguna.

Tan sólo, y para su sorpresa, logró encontrar un puñado de cáscaras de arbellanas que, sonrojado, volvió a guardar en el bolsillo no sin antes meter el rabillo del ojo a los de detrás de la cola del autobús por si alguno había visto o intuido algo.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

REFUGIADOS



REFUGIADOS


Puede parecernos que el estar a este lado del mundo, en una tierra como la nuestra, con la suerte de cara al poder vivir aquí y ahora, en nuestro pueblo, en este enclave privilegiado como es el que tenemos, nos haga ver y sentir como ajena la realidad que existe ahí fuera, más allá de los límites de nuestro pueblo, de nuestra provincia, de nuestra Andalucía y en definitiva, de España.
Pero a pesar de la distancia, la realidad que día a día nos devuelven los medios de comunicación, las noticias que a diario nos llegan a través de los diferentes medios que frecuentamos, llámese televisión, llámense redes sociales, nos acercan irremediablemente a los verdaderos dramas que azotan al ser humano y que, pienso, cualquiera con un mínimo de sensibilidad, de corazón, de sangre en las venas, no puede ni debe pasar por alto.
También es cierto que en los últimos años nuestra propia existencia se ha puesto en la mayoría de los casos cuesta arriba provocada en gran parte por esta maldita crisis que parece haberse instalado en nuestro día a día desde hace ya un buen montón de años sin que los que verdaderamente la han provocado ni paguen por ello ni tengan la honradez y valentía de sacarnos de ella.
Porque, que quede claro por si alguien no lo tenía aún, los que verdaderamente pagan los errores de aquellos que han traído de nuevo la pérdida de derechos sociales, la pérdida de derechos de cientos de miles de trabajadores que se han visto abocados a desprenderse en el camino recorrido desde que esta crisis se nos viniera encima, desde que la clase media de este país prácticamente haya desaparecido casi por completo, viendo y oyendo frecuentemente cómo se miles de familias tienen que abandonar sus casas por no poder pagar hipotecas mientras el dinero ha corrido en auxilio de bancos, de grandes corporaciones que sin escrúpulos han hecho horrores con las prácticas abusivas de a los que ellos denominaban clientes y que al final han terminado convirtiéndose en sus perjudicados… en definitiva, un mundo cruel e injusto que, si no lo termina por remediar alguien, tiene pintas de acabar como el rosario de la aurora…
Un mundo insensibilizado en su gran mayoría, donde no nos gusta lo que vemos y donde no dudamos en mirar hacia el otro lado y buscar culpables o responsabilidades en quien en realidad no la tienen y son a su vez, víctimas de este mundo cruel e inhumano en el que se ha convertido nuestro entorno, a veces el más cercano, y lo que es peor, sin que nos demos cuenta.
Y viene a colación toda esta parrafada que escribo porque, y como he dicho, estamos continuamente bombardeados día sí y día también, con la dramática situación que se está viviendo en esta Europa deshumanizada por completo y a la que irremediablemente pertenecemos, de miles y miles de desplazados Sirios y otros países en conflicto que deambulan sin techo y sin cobijo por esta Europa buscando ya no sólo escapar de la sinrazón de la guerra en sus países de origen, sino que buscan también el que la conciencia de una sociedad que les ha dado la espalda una vez más, sea capaz de buscar soluciones para que el horror de esa guerra enquistada y de la que la población, que siempre es la que acaba pagando los platos rotos de los gobernantes de turno, tenga un final lo más cercano posible.
A quien no se le hiele el alma al ver cómo millares de personas son conducidos por campos buscando la frontera, conducidos cual borregos por los guardianes de los respectivos países que les niegan acceso a sus fronteras, volviendo de nuevo a la Europa de los muros, de las barreras físicas para que la gente pueda transitar libremente porque así lo recogen sus tratados y sus leyes.
Cuando asistimos impasibles sin que se nos hiele la sangra con imágenes de cientos de ahogados tratando llegar a la costa europea de Grecia; cuando vemos a la gente que se muere de frío a causa de las heladas temperaturas de centroeuropa sin que las autoridades de esta Europa de las normas, de los recortes y la austeridad sigan impasibles y sin hacer nada por tratar de que esa calamidad que sufren los miles de refugiados se haga más o menos llevadera.
Por eso, cuando uno frecuenta las páginas de los “twitteles” y “feibusch” de turno y ve cómo sin conocimiento y sin ponernos en la piel de aquellos que lo están pasando francamente mal, incluso perdiendo la vida en ello, y ve comentarios peyorativos que incluso rozan la xenofobia y ya no digamos el mal gusto, cabe pensar que si esas críticas que tan gratuitas y anónimas a veces hacemos las hiciéramos, en vez de en contra del que sufre, del que lo está pasando mal, contra aquellos que nos han conducido a la desastrosa situación en la que, en general, la sociedad se encuentra, ya no sólo otro gallo nos contaría sino que, además, hubiéramos conseguido que esa élite que nos dirige y que la mayoría ha perdido la dignidad y que nos ha perdido el respeto como ciudadanos a una gran parte de los ciudadanos en general, o bien  ya no estarían ocupando el cargo que se les ha quedado grande, o habrían tenido que asumir las responsabilidades derivadas por su negligencia y pasividad al permitir que las minorías, los más débiles, sigan pagando los platos rotos de esta Europa que da las espalda al dolor y sufrimiento de miles de ciudadanos que merecen un futuro en paz y en prosperidad que vienen a buscar al viejo continente que se nos ha vendido, falsamente, sin fronteras, sin guerras y sin desigualdades.

Veremos a ver dónde nos lleva todo esto.


jueves, 22 de octubre de 2015

TUS PASOS SON VIDA




Con el lema escogido por la Junta Local de la Asociación Española Contra el Cáncer y a la cuál tengo la suerte de pertenecer he querido arrancar este nuevo artículo para esta nueva temporada de mi colaboración con este Diario de Villamanrique.
Y lo hago para agradecer en mi nombre y seguro que en el de todas las personas que formamos parte de esta Junta Local, la colaboración que sentimos en el día a día por parte de todos aquellos que como voluntarios y colaboradores, a pesar del poco tiempo que esta asociación lleva implantada en nuestro municipio, estamos recibiendo.
Como algunos ya sabrán y otros quizás se enteren ahora, para el próximo día 8 de noviembre, estamos organizando con mucho trabajo y esfuerzo pero con una ilusión fuera de lo común, una marcha solidaria por las calles de nuestro municipio en la cual esperamos una máxima participación de manriqueños y manriqueñas que, una vez más, y no me cabe la menor duda, sabrán estar a la altura de las circunstancia.
Por si no lo saben, en varios locales y tiendas de nuestra localidad está abierto el plazo de inscripción para todos aquellos que deseen participar en la marcha el próximo 8 de noviembre, cuya cabecera saldrá de la Plaza de España de nuestro pueblo, Villamanrique, para recorrer a pie y de una manera simbólica, bajo el lema TUS PASOS SON VIDA, la mayor parte de las calles de nuestro pueblo.
Una vez más, como ha sido siempre, Villamanrique estará a la altura de la causa en cuestión que no es otra que el poder contribuir, a partir del donativo de la inscripción, a la investigación contra el cáncer, labor que la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA CONTRA EL CÁNCER, a la cual pertenece esta junta local, lleva años contribuyendo.
Así, por tan sólo 3 euros de aportación en el momento de la inscripción, cantidad que íntegramente irá destinada a tal fin, el pueblo de Villamanrique y todos aquellos que quieran sumarse a esta iniciativa, podrán aportar su granito de arena para tan noble causa.
Destacar también, como no, la colaboración inestimable de las empresas patrocinadoras de esta carrera, sin las cuales, hay que decirlo, sería imposible poderla realizar. Con sus donativos, hacen que esta marcha pueda celebrarse, lo mismo que se han realizado en los últimos días y meses en la mayor parte de los pueblos de la provincia y de Andalucía.
No quiero extenderme mucho, pero cabe también decir que estamos en nuestra sede ubicada en el ANTIGUO MATADERO de Villamanrique los lunes en horario de mañana y los jueves en horario de tarde, para cualquier consulta, aclaración, etc.
También decir que nuestra Junta Local, desde el mismo día de su puesta en funcionamiento, viene prestando atención tanto a enfermos de cáncer como a familiares en cuestiones que van desde apoyo psicológico, información, ayuda social y mil cosas que serían interminable el poderlas resumir en estas líneas.
Por eso, porque Villamanrique siempre ha destacado en su labor solidaria, altruista y desinteresada en todo cuanto ha tenido que ver en aportar su granito de arena a las más nobles causas que se le ha pedido, por eso ahora y desde aquí, aprovechando las líneas que este medio me brinda, os pido, en nombre mío y en el de todos y cada uno de mis compañeros y compañeros de la Junta Local de la Asociación Española Contra el Cáncer de Villamanrique, que el próximo día 8 de noviembre, a las 11 de la mañana, la gran mayoría de manriqueños y manriqueñas solidarios como nunca, nos acompañéis en esta primera gran cita mayoritaria para recorrer las calles de Villamanrique y llenarlas, como no, de VIDA Y ESPERANZA.
Porque   TUS PASOS, SON VIDA.

¡¡MIL GRACIAS!! 

lunes, 1 de junio de 2015

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO


NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO

Cuando aún el aire no se ha limpiado del todo del olor de la pólvora de los cohetes; cuando aún te parece seguir escuchando repiques y más repiques que han dejado su eco en este aire que respiramos.
Cuando te parece seguir escuchando el sonido de la gaita y del tambor, del crujir de ruedas de madera en los adoquines de las calles del pueblo y sientes aún presente el bullicio y la alegría de peregrinos cantándole a la carreta de su simpecao.
Cuando aún se te pone los vellos de punta cuando recuerdas las sevillanas que cantó Huevar en Los Porches, o recordando las sevillanas que se cantaron en la salida de nuestra hermandad el viernes por la mañana.
Cuando aún tienes presente la maestría de los muchos carreteros que han subido su carreta los días mágicos de paso de las carretas, y recuerdas a la perfección cómo se cantó la salve o aquellas sevillanas que se cantaron para inmortalizar tan breve pero intenso momento.
Cuando aún mantienes en la retina y conservas grabado el momento de los vivas, de las palmas, de los abrazos emocionados de todo aquél que pasó por Villamanrique y sintió y vivió de manera inexplicable el momento de la presentación de su carreta ante el simpecao de la Primera y Más Antigua.
Cuando aún sientes como si lo estuvieses viviendo la llegada de la carreta Coria el miércoles casi de madrugada, con la plaza a reventar de gente, el pueblo expectante, el ver esa majestuosa carreta avanzar entre el gentío hasta Los Porches y que por un instante parecía como si las mismas andas de la virgen del Rocío se hiciera presente ante las puertas de Santa María Magdalena de Villamanrique.
Cuando aún no te ha dado tiempo de limpiar los botos que llevaste en el camino, con los que atravesaste La Raya, con los que llegaste a Palacio, a Matasgorda y luego el sábado pisaste las calles también de arena del Rocío en la presentación de Villamanrique, a las doce en punto que marcara el reloj que marca los tiempos del Rocío.
Cuando aún se te pone la piel de gallina al recordar el Rosario del domingo por la noche, de cuando nuestro simpecao volvía a la casa de hermandad y vuelves a escuchar en tu memoria cómo el repique de nuestra casa se confundía con el de la ermita anunciando que la virgen ya estaba en la calle.
Cuando aún el corazón se te acelera porque recuerdas cómo la virgen venía ya por Huevas, y sientes que está más cerca que nunca el momento que Villamanrique y los manriqueños llevan un año esperando.
Cuando recuerdas que la ves ya venir muy cerquita, y temes lo que tememos los manriqueños que ocurra, que pase de largo y que no se detenga ante el simpecao del pueblo donde nació el primer manriqueño que tuvo la dicha de ser el primero en verle la cara.
Cuando al recordar el momento  la ves casi pasar y pararse, que si viene, que si no, y por fin y como no podía ser de otra manera acercarse hasta la puerta de la que siempre, le pese a quien le pese, siempre será su casa, y el campanil de la espadaña tocando como loco de alegría, pregonando a los cuatro vientos que la virgen ya está en Villamanrique.
Cuando recuerdas la lluvia de pétalos desde lo alto del porche de nuestra casa y cómo después se marcha entre un mar de gente, no sin antes haberle pedido que salud y suerte para que, el año próximo, poder estar en el mismo sitio para esperarla.
Cuando recuerdas el camino de vuelta, los momentos, las anécdotas, los amigos, la llegada al polideportivo y la entrada de la carreta en el pueblo por el barrio; las paradas en las casas, abiertas de par en par para recibir su gracia y entregarle un ramo de flores en su despedida.
Cuando recuerdas llegar a de nuevo la carreta  a la plaza, a Los Porches, la última subida, la última salve, la última sevillana antes de emprender, esta vez ya sí, camino a la que será su casa hasta el año que viene.
El último aplauso, el último cohete, la última lágrima, el último suspiro; el deber cumplido, la tradición mantenida, como la aprendimos de quienes antes que nosotros la aprendieron y así sucesivamente a lo largo de los siglos.

Por tantas y tantas cosas, darle gracias por ser manriqueño y por tener la satisfacción de que no ha sido un sueño, sino que has tenido la suerte, ya no sólo de verlo y de sentirlo, sino de haberlo vivido.

(Artículo de Opinión publicado el pasado viernes día 29 de mayo de 2015 en la web de Diario de Villamanrique)

http://www.diariodevillamanrique.es/p/espacio-de-opinion-diego-rodriguez-muy.html

sábado, 9 de mayo de 2015

INDECENTES

A continuación os dejo artículo publicado el pasado día 6 de mayo en EL MEGÁFONO, diario libre creado por estudiantes de la Universidad de Sevilla y en el cual tengo la suerte de participar desde hace unos meses.
                                    http://megafonofcom.es/2015/05/indecentes/


Creo que Esperanza se ha equivocado.
Se ha debido confundir al usar la  terminología y claro, en un momento, ha incendiado el patio, con lo poco dada a ello que es y lo poco acostumbrada que está.
Un lapsus, un contratiempo, un desliz como dirán sus correligionarios allá por los madriles, donde ella hace tiempo que es dueña y señora.
Porque si no, no se explica.
No se explica digo el que haya dicho que hay que limpiar Madrid, la capital del reino, faltaría más,  de indigentes que afean las calles de tan noble villa ante los ojos del turista que los visita.
Ha confundido el término: donde dijo indigentes creo que quería decir indecentes.
Como cuando donde dije digo deje Diego; pues igual.
Le he salido así, a borbotones, su abolengo que para eso ella es Grande de España, Condesa de No Sé Qué ni  Cuánto y, claro, la Edad Media es lo que tiene, que quien no pertenece a la aristocracia tiene que vérselas con el señor feudal y su ordeno y mando y Dios nos coja confesados para que no descargue contra nosotros toda su ira porque puede que de su reacción se nos caiga el pelo.
No concibe la señora condesa el ver así a su Madrid del alma, de sus amores y sus desvelos, llenito y pleno de pordioseros, vagabundos, seguramente maleantes; para ella, escoria  de la sociedad y que las políticas actuales han acabado  generando y , a la vista de los que nos visitan, serán sin lugar a duda, motivo de recelo que restará glamour al Madrid por el que la aristócrata se desvive.
Una lástima.
Porque, acostumbrado como está, ya no sólo el turista extranjero, sino que también el nacional y ya ni turista ni nada, y que hace que a más de uno se le quiten las ganas de visitar la capital del Jarama al ver tanto ladrón de guante blanco que campa a sus anchas por la capital del reino de Aguirre, a tanto chorizo sin cuerda que lo amarre de torres o campanarios de donde no tengan posibilidad de escapatoria; a tanto tramposo usurero malnacido que juega y roba el dinero de preferentistas; que quita derechos a personas dependientes;  que pone en jaque mate el estado del bienestar de todo un país o que, entre otras muchas más cosas, corta y borra derechos de libertad conseguidos tras más de cuarenta años de sometimiento y bajo el yugo de una dictadura, no se podrán explicar como dije, quienes vengan de turismo o de visita, que la gente pase hambre, que pase necesidades, que haya gente sin hogar porque el sistema ha fracasado o porque los bancos rescatados con el dinero de todos los haya puesto en la calle a quienes ahora Aguirre trata de hacer desaparecer.
Mejor esconderlos, que no se vean, que no estorben, que se silencie su sufrimiento para mejor delicia de nuestros ojos.
Y mientras, ella, la Doña, Condesa que se postula como remedio de todo esto que quiere volver o hacer invisible, podrá conseguir de nuevo ese feudo que tanto anhela y sueña.
Indecentes.
Lo dije al comenzar este artículo y lo repito ahora: a Madrid y  a muchas otras ciudades de España lo que le sobran  son indecentes.
Esperanza se ha equivocado,  ha confundido el término.
Pero para eso están los decentes, para recordárselo, para hacerle caer en el error del uso del término, ese al que poco acostumbrada está la Condesa que sigue viviendo fiel y rechoncha tras la muralla de ese castillo desde el que quiere seguir controlando al pueblo, a su feudo.

domingo, 3 de mayo de 2015

OPINIÓN







OPINIÓN



 "Así ha sido: desde “Diario de Villamanrique” me piden y me proponen el poder colaborar en un medio, el de este Diario, con una sección de OPINIÓN donde poder explayarme a mi gusto y modo, pudiendo hablar cuándo y de lo que quiera"




Decía mi madre, muy manriqueña ella y como bien la gran mayoría de vosotros que ahora os acercáis a leer estas líneas la recordaréis que “una falta la tiene cualquiera”, frase  manriqueña pura y típica donde las haya.
Pues eso, que haciendo uso y comenzando por tan célebre frase, este el que escribe, que a bien seguro son muchas las que tengo y una de ellas, una de mis faltas o debilidad fue, es y seguirá siendo, el colaborar con todo aquel o aquellos que tengan a bien el pedírmelo, más aún cuando algo tiene que ver con mi pueblo, Villamanrique.
Así ha sido: desde “Diario de Villamanrique” me piden y me proponen el poder colaborar en un medio, el de este Diario, con una sección de OPINIÓN donde poder explayarme a mi gusto y modo, pudiendo hablar cuándo y de lo que quiera.
Uno, al que esto de la escritura ya desde niño y aunque muchos ya ni se acuerden, le tira, pues no pretende desaprovechar la ocasión y tampoco, claro está, el ofrecimiento, cosa que agradezco enormemente porque, ya se sabe, pocos o muy pocos son los profetas que suelen cortar oreja y rabo en plaza de su feudo.
Así, sin pensarlo y tras haberlo decidido en lo que dura un bocadillo de mortadela a un niño en previa de la adolescencia, acepto el ofrecimiento y ya desde ese momento empiezo a cavilar cuál será el tema primero que ofrecer a estos incipientes y ávidos lectores que ahora siguen cada una de las líneas de estos renglones.
Y como soy pájaro viejo (ríanse ante este doble sentido si quieren), he decido probarme yo como colaborador de opinión  y probarlos a ellos, a los que dirigen este Diario de Villamanrique, para ver hasta dónde llega esa libertad que me dan quienes hacen el ofrecimiento de poder expresarme en forma de “verso suelto”, tan poco de moda en estos tiempos que corren.
Aquí, ante vosotros estimados lectores, Diego Rodríguez Solís, con cara, nombre y apellidos, acostumbrado a opinar y más que  opinar, mi pretensión siempre fue y será, pese a que no lo consiga, a crear pensamiento o sentido crítico.
Porque la crítica es una forma de aprendizaje: si todo son “guantaítas” en la espalda quizás deberíamos hacérnoslo mirar porque, a buen seguro, también a nuestra chepa estarán llegando críticas, mala espina, puñaladas… y ni todo está tan bien o es tan bueno sino que a buen seguro, si se analiza, algo hay que no es del todo como pensamos o como creemos.
Y por eso, porque yo doy la cara y me presento así, como soy, con mil defectos y alguna que otra virtud (no tengo abuela, lo reconozco), creo que sería y es necesario que, desde quienes dirigen este “Diario de Villamanrique” deberían y ya están tardando en presentarse al público sin complejos y sin ataduras.
Porque, por lo menos yo he sido hasta ahora uno de los del otro lado de la pantalla, de los que como los que ahora a mí me leen, que no tenía ni idea de quién ni quiénes están manejando y dirigiendo este Diario.
Escuché una vez a un político decir que “aquí estoy dando la cara aunque me la partan” y esa frase, créanme que caló en mí más de lo que imaginan.
Por eso, porque yo estoy aquí, opinando, dando la cara y aunque me la partan, me gustaría y sería mi deseo (creo que también el de muchos que me paran y me preguntan, no sólo ahora que aquí colaboro, sino mucho antes) que no estaría mal que quienes dirigen y se dirigen al público y al pueblo de Villamanrique, están tardando en dar la cara.
Y una vez dada, cosa que al principio puede que cueste pero que luego, os lo aseguro y os lo recomiendo, hará que todo sea más fácil, sin medias tintas, sin intermediarios, servirá para poder tratarnos  de tú a tú y de una manera más clara, más transparente y más sana.
En definitiva, es lo que la información, la opinión, la crítica y la noticia en sí requiere: claridad y transparencia.
Por eso,  “a ver como queamos”, otra gran frase que copio y pego y que decía, como dicen muchas otras madres de nuestro pueblo, Villamanrique.
Así que lo dicho: por aquí andaré mientras me dejen y ustedes me dejen.
Por mi parte dispuesto, agradecido y encantado.

¿Empezamos?

(Artículo de opinión de mi colaboración en DIARIO DE VILLAMANRIQUE, publicada el pasado 
2 de Mayo de 2015) 
http://diariodevillamanrique.blogspot.com.es/p/espacio-de-opinion-diego-rodriguez-muy.html