lunes, 1 de junio de 2015

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO


NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO

Cuando aún el aire no se ha limpiado del todo del olor de la pólvora de los cohetes; cuando aún te parece seguir escuchando repiques y más repiques que han dejado su eco en este aire que respiramos.
Cuando te parece seguir escuchando el sonido de la gaita y del tambor, del crujir de ruedas de madera en los adoquines de las calles del pueblo y sientes aún presente el bullicio y la alegría de peregrinos cantándole a la carreta de su simpecao.
Cuando aún se te pone los vellos de punta cuando recuerdas las sevillanas que cantó Huevar en Los Porches, o recordando las sevillanas que se cantaron en la salida de nuestra hermandad el viernes por la mañana.
Cuando aún tienes presente la maestría de los muchos carreteros que han subido su carreta los días mágicos de paso de las carretas, y recuerdas a la perfección cómo se cantó la salve o aquellas sevillanas que se cantaron para inmortalizar tan breve pero intenso momento.
Cuando aún mantienes en la retina y conservas grabado el momento de los vivas, de las palmas, de los abrazos emocionados de todo aquél que pasó por Villamanrique y sintió y vivió de manera inexplicable el momento de la presentación de su carreta ante el simpecao de la Primera y Más Antigua.
Cuando aún sientes como si lo estuvieses viviendo la llegada de la carreta Coria el miércoles casi de madrugada, con la plaza a reventar de gente, el pueblo expectante, el ver esa majestuosa carreta avanzar entre el gentío hasta Los Porches y que por un instante parecía como si las mismas andas de la virgen del Rocío se hiciera presente ante las puertas de Santa María Magdalena de Villamanrique.
Cuando aún no te ha dado tiempo de limpiar los botos que llevaste en el camino, con los que atravesaste La Raya, con los que llegaste a Palacio, a Matasgorda y luego el sábado pisaste las calles también de arena del Rocío en la presentación de Villamanrique, a las doce en punto que marcara el reloj que marca los tiempos del Rocío.
Cuando aún se te pone la piel de gallina al recordar el Rosario del domingo por la noche, de cuando nuestro simpecao volvía a la casa de hermandad y vuelves a escuchar en tu memoria cómo el repique de nuestra casa se confundía con el de la ermita anunciando que la virgen ya estaba en la calle.
Cuando aún el corazón se te acelera porque recuerdas cómo la virgen venía ya por Huevas, y sientes que está más cerca que nunca el momento que Villamanrique y los manriqueños llevan un año esperando.
Cuando recuerdas que la ves ya venir muy cerquita, y temes lo que tememos los manriqueños que ocurra, que pase de largo y que no se detenga ante el simpecao del pueblo donde nació el primer manriqueño que tuvo la dicha de ser el primero en verle la cara.
Cuando al recordar el momento  la ves casi pasar y pararse, que si viene, que si no, y por fin y como no podía ser de otra manera acercarse hasta la puerta de la que siempre, le pese a quien le pese, siempre será su casa, y el campanil de la espadaña tocando como loco de alegría, pregonando a los cuatro vientos que la virgen ya está en Villamanrique.
Cuando recuerdas la lluvia de pétalos desde lo alto del porche de nuestra casa y cómo después se marcha entre un mar de gente, no sin antes haberle pedido que salud y suerte para que, el año próximo, poder estar en el mismo sitio para esperarla.
Cuando recuerdas el camino de vuelta, los momentos, las anécdotas, los amigos, la llegada al polideportivo y la entrada de la carreta en el pueblo por el barrio; las paradas en las casas, abiertas de par en par para recibir su gracia y entregarle un ramo de flores en su despedida.
Cuando recuerdas llegar a de nuevo la carreta  a la plaza, a Los Porches, la última subida, la última salve, la última sevillana antes de emprender, esta vez ya sí, camino a la que será su casa hasta el año que viene.
El último aplauso, el último cohete, la última lágrima, el último suspiro; el deber cumplido, la tradición mantenida, como la aprendimos de quienes antes que nosotros la aprendieron y así sucesivamente a lo largo de los siglos.

Por tantas y tantas cosas, darle gracias por ser manriqueño y por tener la satisfacción de que no ha sido un sueño, sino que has tenido la suerte, ya no sólo de verlo y de sentirlo, sino de haberlo vivido.

(Artículo de Opinión publicado el pasado viernes día 29 de mayo de 2015 en la web de Diario de Villamanrique)

http://www.diariodevillamanrique.es/p/espacio-de-opinion-diego-rodriguez-muy.html

sábado, 9 de mayo de 2015

INDECENTES

A continuación os dejo artículo publicado el pasado día 6 de mayo en EL MEGÁFONO, diario libre creado por estudiantes de la Universidad de Sevilla y en el cual tengo la suerte de participar desde hace unos meses.
                                    http://megafonofcom.es/2015/05/indecentes/


Creo que Esperanza se ha equivocado.
Se ha debido confundir al usar la  terminología y claro, en un momento, ha incendiado el patio, con lo poco dada a ello que es y lo poco acostumbrada que está.
Un lapsus, un contratiempo, un desliz como dirán sus correligionarios allá por los madriles, donde ella hace tiempo que es dueña y señora.
Porque si no, no se explica.
No se explica digo el que haya dicho que hay que limpiar Madrid, la capital del reino, faltaría más,  de indigentes que afean las calles de tan noble villa ante los ojos del turista que los visita.
Ha confundido el término: donde dijo indigentes creo que quería decir indecentes.
Como cuando donde dije digo deje Diego; pues igual.
Le he salido así, a borbotones, su abolengo que para eso ella es Grande de España, Condesa de No Sé Qué ni  Cuánto y, claro, la Edad Media es lo que tiene, que quien no pertenece a la aristocracia tiene que vérselas con el señor feudal y su ordeno y mando y Dios nos coja confesados para que no descargue contra nosotros toda su ira porque puede que de su reacción se nos caiga el pelo.
No concibe la señora condesa el ver así a su Madrid del alma, de sus amores y sus desvelos, llenito y pleno de pordioseros, vagabundos, seguramente maleantes; para ella, escoria  de la sociedad y que las políticas actuales han acabado  generando y , a la vista de los que nos visitan, serán sin lugar a duda, motivo de recelo que restará glamour al Madrid por el que la aristócrata se desvive.
Una lástima.
Porque, acostumbrado como está, ya no sólo el turista extranjero, sino que también el nacional y ya ni turista ni nada, y que hace que a más de uno se le quiten las ganas de visitar la capital del Jarama al ver tanto ladrón de guante blanco que campa a sus anchas por la capital del reino de Aguirre, a tanto chorizo sin cuerda que lo amarre de torres o campanarios de donde no tengan posibilidad de escapatoria; a tanto tramposo usurero malnacido que juega y roba el dinero de preferentistas; que quita derechos a personas dependientes;  que pone en jaque mate el estado del bienestar de todo un país o que, entre otras muchas más cosas, corta y borra derechos de libertad conseguidos tras más de cuarenta años de sometimiento y bajo el yugo de una dictadura, no se podrán explicar como dije, quienes vengan de turismo o de visita, que la gente pase hambre, que pase necesidades, que haya gente sin hogar porque el sistema ha fracasado o porque los bancos rescatados con el dinero de todos los haya puesto en la calle a quienes ahora Aguirre trata de hacer desaparecer.
Mejor esconderlos, que no se vean, que no estorben, que se silencie su sufrimiento para mejor delicia de nuestros ojos.
Y mientras, ella, la Doña, Condesa que se postula como remedio de todo esto que quiere volver o hacer invisible, podrá conseguir de nuevo ese feudo que tanto anhela y sueña.
Indecentes.
Lo dije al comenzar este artículo y lo repito ahora: a Madrid y  a muchas otras ciudades de España lo que le sobran  son indecentes.
Esperanza se ha equivocado,  ha confundido el término.
Pero para eso están los decentes, para recordárselo, para hacerle caer en el error del uso del término, ese al que poco acostumbrada está la Condesa que sigue viviendo fiel y rechoncha tras la muralla de ese castillo desde el que quiere seguir controlando al pueblo, a su feudo.

domingo, 3 de mayo de 2015

OPINIÓN







OPINIÓN



 "Así ha sido: desde “Diario de Villamanrique” me piden y me proponen el poder colaborar en un medio, el de este Diario, con una sección de OPINIÓN donde poder explayarme a mi gusto y modo, pudiendo hablar cuándo y de lo que quiera"




Decía mi madre, muy manriqueña ella y como bien la gran mayoría de vosotros que ahora os acercáis a leer estas líneas la recordaréis que “una falta la tiene cualquiera”, frase  manriqueña pura y típica donde las haya.
Pues eso, que haciendo uso y comenzando por tan célebre frase, este el que escribe, que a bien seguro son muchas las que tengo y una de ellas, una de mis faltas o debilidad fue, es y seguirá siendo, el colaborar con todo aquel o aquellos que tengan a bien el pedírmelo, más aún cuando algo tiene que ver con mi pueblo, Villamanrique.
Así ha sido: desde “Diario de Villamanrique” me piden y me proponen el poder colaborar en un medio, el de este Diario, con una sección de OPINIÓN donde poder explayarme a mi gusto y modo, pudiendo hablar cuándo y de lo que quiera.
Uno, al que esto de la escritura ya desde niño y aunque muchos ya ni se acuerden, le tira, pues no pretende desaprovechar la ocasión y tampoco, claro está, el ofrecimiento, cosa que agradezco enormemente porque, ya se sabe, pocos o muy pocos son los profetas que suelen cortar oreja y rabo en plaza de su feudo.
Así, sin pensarlo y tras haberlo decidido en lo que dura un bocadillo de mortadela a un niño en previa de la adolescencia, acepto el ofrecimiento y ya desde ese momento empiezo a cavilar cuál será el tema primero que ofrecer a estos incipientes y ávidos lectores que ahora siguen cada una de las líneas de estos renglones.
Y como soy pájaro viejo (ríanse ante este doble sentido si quieren), he decido probarme yo como colaborador de opinión  y probarlos a ellos, a los que dirigen este Diario de Villamanrique, para ver hasta dónde llega esa libertad que me dan quienes hacen el ofrecimiento de poder expresarme en forma de “verso suelto”, tan poco de moda en estos tiempos que corren.
Aquí, ante vosotros estimados lectores, Diego Rodríguez Solís, con cara, nombre y apellidos, acostumbrado a opinar y más que  opinar, mi pretensión siempre fue y será, pese a que no lo consiga, a crear pensamiento o sentido crítico.
Porque la crítica es una forma de aprendizaje: si todo son “guantaítas” en la espalda quizás deberíamos hacérnoslo mirar porque, a buen seguro, también a nuestra chepa estarán llegando críticas, mala espina, puñaladas… y ni todo está tan bien o es tan bueno sino que a buen seguro, si se analiza, algo hay que no es del todo como pensamos o como creemos.
Y por eso, porque yo doy la cara y me presento así, como soy, con mil defectos y alguna que otra virtud (no tengo abuela, lo reconozco), creo que sería y es necesario que, desde quienes dirigen este “Diario de Villamanrique” deberían y ya están tardando en presentarse al público sin complejos y sin ataduras.
Porque, por lo menos yo he sido hasta ahora uno de los del otro lado de la pantalla, de los que como los que ahora a mí me leen, que no tenía ni idea de quién ni quiénes están manejando y dirigiendo este Diario.
Escuché una vez a un político decir que “aquí estoy dando la cara aunque me la partan” y esa frase, créanme que caló en mí más de lo que imaginan.
Por eso, porque yo estoy aquí, opinando, dando la cara y aunque me la partan, me gustaría y sería mi deseo (creo que también el de muchos que me paran y me preguntan, no sólo ahora que aquí colaboro, sino mucho antes) que no estaría mal que quienes dirigen y se dirigen al público y al pueblo de Villamanrique, están tardando en dar la cara.
Y una vez dada, cosa que al principio puede que cueste pero que luego, os lo aseguro y os lo recomiendo, hará que todo sea más fácil, sin medias tintas, sin intermediarios, servirá para poder tratarnos  de tú a tú y de una manera más clara, más transparente y más sana.
En definitiva, es lo que la información, la opinión, la crítica y la noticia en sí requiere: claridad y transparencia.
Por eso,  “a ver como queamos”, otra gran frase que copio y pego y que decía, como dicen muchas otras madres de nuestro pueblo, Villamanrique.
Así que lo dicho: por aquí andaré mientras me dejen y ustedes me dejen.
Por mi parte dispuesto, agradecido y encantado.

¿Empezamos?

(Artículo de opinión de mi colaboración en DIARIO DE VILLAMANRIQUE, publicada el pasado 
2 de Mayo de 2015) 
http://diariodevillamanrique.blogspot.com.es/p/espacio-de-opinion-diego-rodriguez-muy.html

lunes, 20 de abril de 2015

TIEMPO DE ROCÍO







TIEMPO DE ROCÍO

(Comienzo del XV Pregón del Rocío 2015 de la Hermandad del Rocío de Palomares del Río el pasado 14 de abril)


Rocío de la mañana,
tú que viniste a posar tu vuelo,
que quisiste ser paloma,
en el pueblo palomareño.

Rocío de los caminos,
de pinares y de senderos,
quisiste ser en Palomares
madre, Reina y consuelo.

Rocío de las Marismas,
de los campos, de Doñana,
tú que todo lo puedes
que con tu vuelo todo lo abarcas.

Rocío de mis amores,
de Palomares ya señora,
que llevo un año esperando
para que pronto sea la hora.

Rocío de simpecao,
de madera en mi carreta,
de los botos que ya “preparaos”
que esperan lleguen la fecha.

Rocío de mil mañanas,
hoy por fin me he “despertao”,
sintiendo como algo mío
lo que tu pueblo me ha “regalao”.

Rocío de las arenas,
de Palomares, paloma y reina,
que vengo hoy a pregonar
en tu nombre lo que se acerca.

Un año que llevo esperando,
un tiempo que ya se acerca,
es tiempo de primavera
y pronto pisaré tus arenas.

Rocío de los caminos,
de los pinos y las adelfas,
del tiempo que me he pasado
contando que ya vinieras.

Que se preparen los botos,
los trajes de las flamencas,
las varas de los cohetes,
el tambor y la gaita rociera.

Que se preparen los pinos,
que se preparen las riendas,
que se preparen campanas,
que no se asusten las cigüeñas.

Rocío de la mañana,
Rocío, Paloma y Reina,
tu pueblo ya “preparao”
deseando lo que se acerca.

Palomares es ya Rocío,
que aquí desde hoy ya reinas,
eres Paloma en este tu pueblo
que quiso tenerte cerca.


AUTOR: Diego Rodríguez Solís

 Villamanrique de la Condesa, Sevilla.


miércoles, 18 de febrero de 2015

EL MALABARISTA

Le gusta pasearse, así, parsimonioso, como si la cosa no fuera con él.
Lo hace con gracia, tiene estilo, lo reconozco.
Es un fenómeno.
Reconozco que no me habría fijado en él si no fuera por lo bien que lo hace el tío.
Le gusta el riesgo; no teme al vértigo. ¡Quién pudiera!
Primero uno, luego otro… erguido como ningún otro parece haber nacido para ello.
Lo suyo es arte, lo intuyo.
Seguramente no es la primera vez que lo hace, pero nunca he visto a nada ni a nadie deambular como él lo hace encima de una tapia.
Parece como si hubiese salido de la última función del Circo del Sol: igualito.
Para delante y para detrás, así, infinidad de veces.
No se cansa.
Lo mejor de todo es que nunca mira al suelo; está más que seguro de que no caerá al precipicio por muchas veces que lo haga.
El tío no conoce el miedo.
Lo mejor es que mientras lo hace, mientras se pavonea como nadie por su particular pasarela, sin mirar hacia abajo, sin temer al abismo, sin tener miedo, va así, como chuleando, mirando a ambos lados sabiendo que, en algún lugar, en cualquier momento, va a ser visto por alguien que como yo, pasé y me lo encontré y quedé maravillado del espectáculo total que derrochaba.
Es carne de pasarela.
Hasta tiene gusto el tío porque, no me digan que no, andar sobre una tapia, más ahora en este tiempo de fríos y de borrascas anticiclónicas que nos atraviesan semana sí, semana no, no me digan que no es para tocarle las palmas y decirle a gritos ¡¡OLE TUS HUEVOS AHÍ!!
Sabe mucho: va enfundado en plumas negras, brillantes y lleva sombrero rojo sobre la cabeza.
Es un máquina, un crack, un artista, un animal de escenario, de pasarela.
Ahora, sin remediarlo, cada vez que paso cerca de aquella tapia donde lo vi por primera vez, mi mirada no puede dejar de mirar hacia arriba a ver si tengo la suerte y me lo encuentro haciendo una de las suyas.

Y es que jamás vi nunca un pollo más artista que el que me encontré subido a una tapia el otro día.



sábado, 14 de febrero de 2015

HUMO

Si hay algo que se venda caro y créanme que está científicamente comprobado, es el humo de los políticos.
 Sí, ese humo que nos hacen tragar así, sin compasión y sin conocimiento, aun sabiendo de lo infumable que ya no sólo resulta sino que, además con el añadido de que todo humo, si no a la corta sí a la larga, resultará contraproducente para nuestra salud.
No importa, les da igual.
Ellos, con tal de que la mercancía con la que trafican que no es otra que la de la palabra, desvirtúan todo el sentir etimológico de esta hasta convertirla en merchandising decorado y elaborado de tal manera que, a nuestros oídos, sea música celestial que nos conduzca  al mismísimo olimpo.
Saben más que los ratones coloraos como decimos en mi pueblo.
Jamás dirán lo que en realidad piensan por mucho empeño que le pongan.
No pueden; estarían perdidos.
Son maestros de enmascarar a la palabra y no pueden permitirse el lujo de, a la primera de abrir  la boca, decir sólo y exclusivamente la verdad porque sería entonces cuando su tejemaneje quedaría  al raso,  al descubierto.
Disfrazan promesas con verdad, con humo que se colará a través de nuestro sentido auditivo y nosotros, ciudadanos y ciudadanas como ahora gustan llamarnos, seremos presa fácil de ese humo que nos venden convertido en el más caro de los perfumes.
Saben tela.
Más en estos tiempos que corren, en los que de nuevo y por culpa de ellos, estamos como estamos, cuando la miseria ha vuelto a hacerse visible en un país en el que creíamos que  estábamos en las alturas, que éramos los elegidos.
Mentira.
Todo era mentira y ellos han sido los culpables.
Ellos, que a base de hacer candelas y de fabricar humo, han sacado a relucir la única verdad que se puede sacar de todo esto: que somos auténticas marionetas en sus manos.
Si no, no se explica que aún quede político vivo.
Cuando el hambre se hace insoportable, en cualquier tribu que se precie de serlo, por muy primitiva que parezca, siempre aparece el canibalismo.
Y aquí, que yo sepa, aún no nos hemos comido a estos políticos que han sido capaces de destruirlo casi todo ante la atenta o tonta mirada de unos ciudadanos que han perdido totalmente toda capacidad de reacción ante tal atentado contra su dignidad más íntima.
No se escapan ningunos.
Todos han sido, sino culpables en primer grado, sí cómplices, compinches de que esta sociedad haya descendido al sótano donde pisotean la dignidad más íntima y elemental del ciudadano.
Nos han mentido, nos han robado, nos han apaleado, nos han quitado derechos, recortado libertades… Y nos da igual señores, porque no nos hemos comido a ninguno de estos vendedores de humo sin escrúpulo.
Nos han perdido el respeto y encima, nosotros  mismos nos convertimos culpables.
Porque nos han hecho adictos al humo, al que nos vendieron y seguirán vendiendo sin miramientos ni contemplaciones, tratándonos cual borregos que poco a poco van conducidos por ellos hacia el matadero.

Y acabarán comiéndonos, en vez de ser nosotros los que nos comamos a estos viles y desalmados canallas cobardes que han conseguido sobornarnos intoxicándonos con su criminal y destructivo humo con el que han disfrazado la palabra.

domingo, 16 de noviembre de 2014

MI HÉROE DE LOS VIERNES


Suelo encontrarme con él casi todos los viernes en una de las paradas que hace el circular C1 de Tussam en la Isla de la Cartuja, en Sevilla.
Es un valiente.
Un tío con un par de cojones.
Aunque no sé ni cómo se llama, ni a qué se dedica, ni dónde vive, ni dónde trabaja, para mí y desde que lo veo, se ha convertido y es, sin que él tan siquiera lo sepa, en mi héroe,
Mi héroe de los viernes.
Un ejemplo a seguir.
Voy montado en el autobús tres o cuatro paradas antes de cuando va él, y, con dos cojones, vuelvo a repetir, se monta en el autobús y aquí no ha pasado nada.
No sé donde se baja, ni si lo espera alguien allí donde se baja del Tussan.
Un par de veces creo que esperaba ya en la parada del autobús la llegada de este, aunque hoy ha sido el autobús el que ha tenido que esperarlo medio minuto mal contados o quizás menos.
Con dos cojones va el tío y se monta en el autobús y aquí no ha pasado nada.
Con su perro.
Es el único que, por lo menos , en el corto trayecto que yo hago, lleva perro sin que ponga el conductor impedimento alguno a que entre en el autobús.
Blanco, esponjoso y de paso tranquilo, el animal entra primero, correa en mano su dueño para, lentamente, buscar su hueco y, una vez sentado quien lo lleva, echarse de la manera más tranquila y noble que puede hacerlo un animal.
Yo me bajo un par de paradas o tres después de suceder esto que os cuento.
Mi héroe sigue su camino, sentado, tranquilo, con su fiel perro a los pies y aquí no ha pasado nada.
El no lo sabe, porque no me ve.
Ni me ve a mi, ni ve al chofer, ni ve la parada del autobús, ni ve al perro, ni ve a nadie de los muchos que todos los viernes toman ese autobús.
Por eso se ha convertido en mi héroe.
Con un par de cojones.
Y es ciego.