miércoles, 17 de marzo de 2010

POR FIN EMPIEZAN LAS OBRAS...

http://www.europapress.es/andalucia/noticia-arranca-villamanrique-reparacion-via-estrategica-rocio-donana-20100317152405.html
Arranca en Villamanrique la reparación de una vía estratégica para El Rocío y Doñana
Foto: JUNTA DE ANDALUCÍA
SEVILLA, 17 Mar. (EUROPA PRESS) -
La delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla, Carmen Tovar, ha visitado esta mañana el municipio de Villamanrique de la Condesa, donde ha presenciado, junto con el alcalde de la localidad, José Solís, el inicio de las obras de reparación de la conocida como 'carretera de la fresa', una estratégica vía en el peregrinaje a la aldea almonteña de El Rocío y en los accesos a Doñana afectada por el temporal de fuertes precipitaciones.
Se trata de un camino asfaltado que comunica este municipio con la aldea de El Rocío, en la provincia de Huelva. La carretera de la fresa es, por tanto, una vía vital para el movimiento de personas, animales y vehículos, y convierte al municipio de Villamanrique en la puerta al Espacio Protegido de Doñana desde la provincia de Sevilla.
Por este motivo constituye un paso obligado de peregrinos y hermandades en su camino de penitencia hacia El Rocío. De ahí la urgencia en la reparación de esta carretera que ha resultado cortada a causa del temporal, sobre todo por su carácter estratégico de cara a la activación del 'Plan Romero 2010', el próximo mes de mayo.
Los desperfectos en esta carretera se han producido a raíz del desbordamiento del arroyo llamado 'Del Partido', que recoge aguas de una amplia zona de marisma y forestal, y cuyo cauce es salvado por un puente.
A consecuencia de las fuertes precipitaciones de los últimos meses, la crecida de este arroyo ha provocado su embalse contra el talud de la carretera. Así, dicho talud fue derrumbándose hasta hacer desaparecer por completo un tramo de unos 50 metros de la vía, quedando la misma cortada al tráfico en ambos sentidos. Este corte ha afectado no solo a los transeúntes habituales de este itinerario, sino a los peregrinos que cada fin de semana lo usaban para llegar a El Rocío.
Las obras de reparación de la carretera han sido encomendadas a la empresa Tragsa por la Consejería de Gobernación y su coste asciende a 378.530 euros. La actuación consistirá en aportar material de relleno en las zonas que se han hundido por el ensanchamiento del cauce. Posteriormente se procederá a la reposición del talud de la carretera hasta el nivel del firme y a su protección mediante escolleras para evitar una nueva rotura en el futuro. Por último el tramo objeto de la actuación será reasfaltado.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO EL ZURRÓN DEL SIBARITA


El próximo sábado día 20 de Marzo, a las 18'00 horas tendrá lugar la presentación en el salón de actos del Ayuntamiento de Villamanrique de la Condesa (Sevilla), la presentación del poemario "EL ZURRÓN DEL SIBARITA" del que es autor y creador el poeta manriqueño Manuel Márquez Rodríguez.
Esperamos contar con vuestra asistencia.

lunes, 15 de marzo de 2010

PASCUAL MÁRQUEZ, TORERO MANRIQUEÑO












- Pascual Márquez nació en Villamanrique de la Condesa el 22 de Octubre de 1914.- Tomó la alternativa en Sevilla el 27 de mayo de 1937 (corrida el Corpus) con Luís Fuentes Bejarano de padrino. El Toro era de Pablo Romero (adjunto foto).- Murió el 24 de Marzo de 1941 a los seis días de recibir una cornada que le dejó el corazón al aire. La cornada se produjo en las ventas y el Toro era de Concha y Sierra.
La historia de Pascual Márquez es digna de conocerse. Dicen sus contemporáneos que en sus tiempos de aficionado eran frecuentes sus visitas nocturnas a los cerrados de la marisma y que, no obstante esto, consiguió colocarse en la ganadería de los Moreno Santamaría que le protegieron. Tomó la alternativa y a base de pelear con ganaderías muy duras consiguió situarse y ganar un dinero que invirtió en ganado, principalmente ovejas, que tenía en su "rancho" en la marisma. Pero la suerte le dió la espalda y un invierno llovió tanto que el dique de la ribera del Guadiamar se rompió ocasionando una "riá" salvaje que nada tuvo que ver con las inundaciones pacíficas frecuentes en la marisma. Dicen que Pascual acudió a luchar a brazo partido para salvar aquéllo que tanto esfuerzo le había costado ganar, pero fué inevitable y lo perdió todo.Dicen que la finca La Marmoleja en la que trabajó de joven, de la que salió pobre y que luego lo vió pasar muchas tardes cuando era triunfador, le vió volver derrotado y que Pascual lloraba. En su corta carrera dejó estela de torero valiente y honrado, por ello tras su muerte sus paisanos le dedicaron un monumento en su Villamanrique natal.
Villamanrique de la Condesa (Sevilla), 22 de octubre de 1914Debut en público y con caballos: Real Maestranza de Sevilla, el 26 de mayo de 1935. Acompañado de Mariano Rodríguez, Pepete de Triana, y de Alcalareño. Novillos de Esteban González.Debut en Las Ventas: 14 de julio de 1935, con Solórzano y Morateño, novillos de Terrones.Alternativa: Real Maestranza de Sevilla, 27 de mayo de 1937, corrida del Corpus. Padrino: Luis Fuentes Bejarano.Confirmación en Las Ventas: 26 de setiembre de 1940. Toros de Braganza, apadrinado por Villalta. Sufre cornada grave.Temporada 1941: Muere el 24 de mayo, a los seis días de sufrir una grave cogida en Las Ventas por un toro de Concha y Sierra que, en el segundo lance, le dió una cornada seca, en el pecho. "La herida era tremenda y dejaba al descubierto el corazón".

viernes, 12 de marzo de 2010

CALLA LA TIERRA


Calla la tierra perseguida por esta agua de invierno que no cesa.
Y calla también como antes calló el río, manantial que desde entonces, en el enero aquel de hace más de un año, se convirtió en sospechoso de retener en su corriente, en lo profundo de sus lodos, en su ribera ancha y antes lúdica pero que desde que ella ya dejó de ser esperanza para convertirse en incertidumbre, todos miramos recelosos porque no quiso decirnos dónde la tiene, qué fue de ella, donde dejó su cuerpo…
Hoy calla la tierra húmeda, harta de tormentas y de grises en el cielo, que desde el invierno en el que dejaste de estar nunca fue claro del todo, como tampoco lo fueron las aguas de ese río donde todos te buscamos, aunque no estuviésemos allí pero que al pasar por su lado, para cualquier cosa, al acercarnos por cualquier motivo a la ciudad, siempre miramos de reojo por si acaso, por si cualquier signo tuyo se nos presentara de golpe y terminar así con esa angustia que no cesa.
Pese a la distancia, tu ausencia se ha hecho nuestra, ha estado con nosotros, como si algo nuestro faltara en nuestras casas pese a la lejanía de la tuya, de los tuyos, que nos separa físicamente pero que sin embargo todos sentimos tan cercana, tan familiar, tan nuestra…
No ha querido la tierra ponernos tras la pista de tu cuerpo, no ha querido señalarse ella tampoco ni involucrarse en nada que tenga que ver contigo.
Puede que ni ella sepa que fue de ti, qué pasó aquel día, que hicieron contigo esos perros cobardes sin valor que atentaron contra ti y desde ese mismo instante contra todos nosotros.
Quizás sea mejor el no encontrarte, aunque estas palabras hieran sentimientos y como no, no sean compartidas por quienes te tendrán para siempre clavada en su sangre, en su alma, en su memoria, en su día a día.
Quiero pensar y lo digo, que el no encontrarte, es dejar un leve resquicio a la esperanza, a dejar la puerta abierta a que todo esto sea un mal sueño que hemos tenido todos y que, un buen día, entres de nuevo por las puertas siempre abiertas de tu casa y de las nuestras, sentir de nuevo los pasos por el pasillo como aún hoy seguramente los tuyos los sienten cada vez que se abre esa puerta en tu casa, escuchar tu voz que durará siempre entre los tuyos, sentir tu aroma juvenil a cada momento, en todos y cada uno de los rincones de esa, tu casa que desde hace más de un año, vuelvo a repetir, es la nuestra.Así, mientras tu cuerpo no aparezca, mientras te siga negando la tierra, el río y mil sitios donde te busquen, serás siempre ese brote verde de esperanza que esperará encendido en los corazones y sentimientos de todos los que, durante todo este tiempo, hemos buscado y encontrado la cercanía, ya no solamente a ti Marta, sino que también hemos sido parte de esta gran familia que tu ausencia ha creado

miércoles, 10 de marzo de 2010

MI ABUELA...


Cierro los ojos y la veo.
Puedo volver a adivinar ese azul de sus ojos del que todos dudaban; su pelo blanco cansado de tantos años, recogido en su rodete redondo, perfecto, con sus grandes horquillas negras que, como hormigas, andaba constantemente retocando porque ella creía que se le salían para desbaratárselo todo.
Antes de llegar al lóbulo de su oreja distingo el pellizco de jazmines que en ocasiones se colocaba y que cogía ella misma del jazmín que con tanto cariño cuidaba a las puertas del corral de su casa.
Su cuerpo menudo, gracioso, cargado de años pero siempre ágil, enérgico y en el que podía adivinarse, a primera vista, el por qué de la genética en nuestra familia…
Siento su mano darme la mía. Las arrugas que en el dorso de la misma, jugando con nosotros, nos animaba a pellizcar para que comprobáramos como se quedaba tiesa y erguida para luego, al rato, volver su piel a su estado natural.
El calor de su cuerpo también al abrazarla, el dulce del amor de sus besos en mis mejillas, el susurro de sus cuentos y de sus historias en mis oídos, los chascarrillos que a escondidas de mi madre nos contaba y que ahora mismo, mientras escribo, vuelve a provocar en mí una sonrisa.
Puedo verla de nuevo a las puertas de tierra de su casa, observándome mientras doy mis primeros pedaleos en aquella bicicleta de tres ruedas que con tanto esfuerzo me regaló aquella inolvidable noche de Reyes…o tendiendo en la azotea de la casa, sus manos alzadas al viento entre cordeles de sábanas y de las gasas de aquellos tiempos en los que aún los pañales eran, o bien desconocidos para nuestras madres o simplemente inexistentes en otras muchas casas, enjuagándolos antes en un barreño azul de plástico para luego dejarlos lo más inmaculados que se podían en agua con lejía.
La vuelvo a ver en la cocina, con la banda sonora radiofónica de una copla de fondo y que ella tan bien canturreaba, trajinando el almuerzo del medio día o quizás la tortilla que se hacía para la cena. Luego sentada en el tresillo del salón hasta la hora de irse a su cama.
Contaba mi madre que siempre fue una mujer buena, admirada, querida en el pueblo, y que en sus tiempos cuando mocita, como los años de posguerra fueron años de necesidades y pocos tuvieron la oportunidad de ni tan siquiera ir a la escuela para aprender algo tan básico y necesario como el leer y escribir, ella que sí logró esa oportunidad cuando pequeña, redactaba cartas a las gentes del pueblo cuando sus maridos se iban a Francia en busca del pan que aquí escaseaba, o escribía también a los hijos que marchaban a la mili y que, en aquel tiempo, el único medio para mantener contacto eran las cartas.
Ella siempre atendía a todo aquel que se le presentaba en casa para escribirles, añadiendo de su propia cosecha, detalles y florituras en el papel que hacía las delicias de quienes las recibían.
Contaba también mi madre de cómo escribió una entrañable carta al capitán del cuartel donde uno de mis tíos hacía el servicio militar, allá en la isla de Alborán, en el mediterráneo perdido y olvidado de Almería y al que no veía desde que marchó dado lo lejano de aquél destino.
El capitán del cuartel donde servía el hijo, al leer la carta no dudó un momento en ponerse en contacto con ella para felicitarla por la carta enviada, a la vez que concedió un permiso extraordinario de varias semanas al hijo…
La veo también canturrear bajito en la cocina, las flores en la pletina de la ventana y que se abría al corral de macetas y de flores; a verla junto al granado o junto al ciruelo que majestuoso se colocaba casi a las mismas puertas de la cuadra donde mi abuelo tenía a la mula blanca que, diariamente, cruzaba la casa como un habitante más de la misma cuando volvía de la faena en el campo, para luego ella dar un repaso con la fregona a las pisadas que el animal hubiese dejado en las sencillas pero brillantes lozas de la casa.
Vuelvo a ver hasta sus zarcillos: brillantes, de oro con una pequeña perla de nieve, como su pelo, y un pequeño colgantito ovalado que le caía casi sin molestarla.
Poco más de siete años tenía yo cuando vino a vivir a nuestra casa donde, apretados en escasos metros, vivíamos ocho personas.
Ya no era la misma.
El rastro del azul de sus ojos se escapó de su mirada y la sonrisa también fue aniquilada para siempre.
La apatía y la desgana terminaron por anidar irremediablemente en el fondo de su gran corazón.
El conocimiento y alcance de mis pocos años me hicieron comprender, no sería la única vez, de que algo extraño había cambiado en ella desde que, meses atrás había muerto mi abuelo.
Alzheimer…
Comenzó a despistarse, a olvidar lo que ponía en la candela, a dejar de interesarse por todos y hasta por ella.
Recuerdo hoy como si de ayer se tratase de aquella vez en las que perdió las llaves y que no hubo forma alguna de volver a encontrarlas.
Cada día que pasaba era como si una losa de posara en su rostro, en sus manos, en sus labios, en lo sonrosado de sus mejillas, en sus pasos cada vez más lentos y dificultosos que hacían que siempre hubiese alguien pendiente de que, por ejemplo, no fuese a rodar por las escaleras.
Ni porque en aquellos años cambiamos de casa y nos marchamos, después de las obras, a la que antes había sido la suya, cambió nada en su estado de ánimo.
Nunca le faltó en casa el cariño.
Acompañada siempre por nosotros, por alguien de la familia que aguantaba como podía los improperios que cada vez más a menudo salían de su boca y que, por lo visto, en su cabeza o imaginación, en el mundo de aquel sin retorno al que un día había cruzado, jamás le faltó un momento ni de compañía, cariño y, sobre todo, comprensión.
La veo sentada en la hamaca del salón de la casa junto a la chimenea, la mano en la mejilla y los ojos casi siempre cerrados, como dormidos, pero con un leve y casi imperceptible parpadeo.
Los tobillos como queriendo recordar sus años de costurera o de magnifica bordadora que era seguían con el movimiento típico del pedal de las primeras y antiguas máquinas de coser que había en las casas, dándole mecidas a la hamaca de madera que, como si de su cuna se tratase, mecían los sueños en los que cada día más su memoria se iban perdiendo.
En ocasiones, arrastrando las alpargatas, lentamente y sin ayuda, lograba alcanzar su dormitorio.
Se sentaba en el lado opuesto al que ella solía ocupar y allí, sobre la colcha, mirando la fotografía del abuelo que no faltaba de la mesilla de noche, con una mano acariciando el tergal de tela de la cama, se pasaba las horas y las horas, entretenida en mil conversaciones de ausencia y de reproches hacia quien, según pudimos escucharla algunas veces, la había dejado tan sola.
Había incluso veces en las que había que ir a por ella, creo yo ahora que porque, simplemente, no sabía volver…
Poco a poco el tiempo se encargó de ir apagando su voz dulce, melosa. Hasta se ocupó de ir negándole esos paseos que daba a la habitación de vez en cuando para reencontrarse con lo único de su YO que recordaba…
Recuerdo, vagamente, que un día ya no se levantó de la cama y su habitación se convirtió en enfermería de la que jamás ya nunca saldría.
Vuelvo a ver, a la mañana, por la esquina de la calle, como si de auténticas golondrinas se tratase y que a ritmo rápido volaban porque el tiempo las apresuraba, allá por los ochenta, como venían a mi casa las Hermanas de la Cruz, siempre dispuestas y atentas que, voluntariamente, se ofrecieron a mi madre para ayudarla en lavar y acicalar en su cama, convertida en nido inmaculado, reluciente y perfumado a mi abuela.
Pese a su debilidad y enfermedad allí aguantó día tras días lo menos dos años...
Vuelvo a sentir el revuelo y el ajetreo de la casa aquella tarde de infancia en la que algo en mí me decía que algo pasaba, que algo no era normal, que algo pasaba en casa.
No volví ya más a verla.
Pero hoy, al cerrar los ojos, he vuelto a reencontrarme con ella, con el jazmín en su pelo blanco como las nieves de este invierno, con las coplas en su boca mientras preparaba el almuerzo, con sus chascarrillos y su alegría, con la dulzura de sus palabras, su sentido del humor, con los años de la infancia que han vuelto, no sé porqué, a mi encuentro.
Hoy, al cerrar los ojos, me la he encontrado como si nunca se hubiese ido

lunes, 8 de marzo de 2010

LA VERDADERA AMENAZA PARA EL LINCE IBÉRICO



Enfermedades como esta son la verdadera amenaza para el lince ibérico en Doñana y no la convivencia con los pobladores de esta zona, que siempre han sabido mantener y respetar a la naturaleza, conviviendo con ella desde tiempos inmemoriales sin que el ecosistema se haya sentido amenazado ni visto en peligro.(Pinchar en el link superior y os llevará a la noticia)

jueves, 4 de marzo de 2010

CARBONEROS EN DOÑANA





Históricamente, nuestra cercanía a Doñana y nuestro compromiso con la naturaleza, han echo que desde tiempos remotos, el manriqueño supiera como tratar al campo y como, empleando su esfuerzo, dedicación y como no su sabiduría, poder sacar el máximo partido a este entorno privilegiado sin que la naturaleza se resintiera de su uso.
Es lo que hoy se conoce como desarrollo sostenible, de lo que Villamanrique de la Condesa y demás pueblos del entorno puede corroborar como, de una manera natural y aprendida de nuestros antepasados, se puede convivir perfectamente y sin ningún problema con este habitat al que jamás le hemos dado la espalda y que ahora muchos pretenden poner en entredicho...
Ahí os dejo unas instantáneas de cómo se forma un boliche, especie de horno de donde se saca el carbón vegetal.
Este duro trabajo, que tan sólo manos expertas y sabias saben realizar, son claro ejemplo de como la convivencia entre el hombre y la naturaleza está fuera de toda polémica y a la que sería conveniente, polémicas a parte, tenerlas más en cuenta.
FOTOGRAFÍAS EXTRAIDAS DEL LIBRO ETNOGRAFÍA DE LA DOÑANA SEVILLANA